One Club man, el principio de procedencia | Athletic Club Website Oficial

One Club man, el principio de procedencia

La vinculación de los clubes con el propio territorio fue el principal rasgo de identificación de los equipos de fútbol hasta la llegada de la ley Bosman en 1995, y, probablemente, fue también el factor diferencial del fútbol como deporte de masas. La rivalidad entre los clubes nacía de la propia rivalidad entre las ciudades, y las aficiones se proyectaban de manera emocional en sus equipos porque eran una selección representativa de la comarca. Durante la mayor parte del siglo XX, el principio de procedencia (yo animo al equipo de donde procedo porque sus futbolistas me representan y compartimos origen: son “nuestros futbolistas”) determinaba tanto la identidad de las hinchadas como la de los clubes. El espectáculo en ningún caso discutía la primacía del principio de procedencia. Que otros equipos jugaran mejor, que incluso se admirara ese juego superior, no afectaba a la querencia por lo propio.

Desde finales del siglo pasado, nuevos principios de adhesión diversifican el perfil del aficionado. El principio de procedencia ha quedado marginado por el poder de la industria y el espectáculo, de tal suerte que son legión los nuevos aficionados que se apuntan a caballo ganador. Y los caballos ganadores son pocos y solo juegan en cinco ligas de Europa. El hecho de que estos superclubes cada vez se parezcan más entre sí y no quede casi nada en ellos del principio de territorialidad, un principio fundacional, tampoco desanima a sus fans. El ansia de títulos alimenta cualquier pasión y lograrlos es el único y gran objetivo. Sencillamente, no hay más. Ganar, ganar y ganar. La espiral sin retorno se repite cada temporada: aumentar el presupuesto para fichar a los mejores futbolistas del mundo y aspirar a los títulos. Más dinero, más poder, más posibilidades. El principio de territorialidad es ya algo testimonial, como de otra época. Vestigios de otro fútbol. Los últimos One Club Man de cada equipo se protegen y se exhiben como valiosas piezas en el museo del arraigo. Pero no preocupa su relevo sino la reedición de los títulos logrados. A Gerrard en el Liverpool, a Totti en la Roma, a Raúl en el Madrid, a Giggs en el United…no se les adivinan herederos, ni a Busquets ni a Buffon ni a Müller… ¿Y dónde quedan los últimos One Club Man del PSG, del City, del Chelsea? El principio de territorialidad ha quedado relegado por el principio del caballo ganador, que no es otro que el principio de riqueza. Y esa es la mayor perversión del deporte: solo pueden ganar los ricos. No hay límite a la riqueza ni a su plasmación en el terreno de juego.

Ante este panorama contemporáneo, si por algo llama la atención el Athletic Club es por su manera de competir. El único club de élite que antepone el principio de procedencia, origen del fútbol, al principio de riqueza. No importa de cuanto dinero dispongas, eres el Athletic Club, un equipo vasco de la ciudad de Bilbao, y tu escuadra será una fiel representación de tu identidad. Una filosofía deportiva única que despierta admiración y respeto por su excepcionalidad. Mientras el mundo del fútbol avanza en la dirección marcada por la industria del espectáculo, el Athletic Club recorre su propio camino a contracorriente, utilizando únicamente futbolistas nacidos o formados en la tierra a la que representa.

El galardón One Club Man (One Club Woman en el caso de ser una mujer la ganadora) también reivindica la importancia de ese principio de procedencia y premia la trayectoria de futbolistas que han puesto en valor ese principio original al que tanto le debe el fútbol.

De la lista de premiados hasta la fecha, Mathew Le Tissier era un inglés de un club inglés; Paolo Maldini, un italiano de un club italiano; Sepp Maier, un alemán de un club alemán, y, en la presente edición, Carles Puyol es un catalán de un club catalán. Podían haber nacido en otros lugares, porque uno no es de donde nace y de donde pace, pero todos ellos, cada cual a su manera, ejemplifican ese vínculo territorial (más allá de partidas de nacimiento, ideología, religión o color de piel) que el Athletic Club premia y que tan olvidado queda dentro de los criterios que marcan el rumbo que ha tomado el fútbol en los últimos años.