One Club man, la gloria frente a la fama

Hasta hace poco resultaba impensable imaginar que los equipos de futbol europeos llegaran a comportarse un día como las franquicias yanquis. Equipos de la NBA de baloncesto, la NFL de fútbol americano o la MLB de béisbol han cambiado de ciudad en función de intereses económicos y comerciales de la industria del espectáculo. Un futuro similar para el fútbol ya no parece tan lejano. La mayoría de los clubes se nutren del mercado global y ha dejado de ser noticia que ni uno solo de sus futbolistas enseña sean del territorio al que representan. Paralelamente, la influencia de los aficionados locales y del público abonado de sus estadios cada vez es menor en comparación con la incidencia del público global, cuyo porcentaje determina el dinero procedente de las audiencias televisivas. La cuestión es determinar hasta qué punto la propia dinámica comercial propicia la creación de una competición supranacional, heredera de la actual Champions League. Que ese nuevo torneo mundial se celebre un año en China, al siguiente en Japón y después en los Emiratos Árabes no resulta descabellado. Los cincuenta mil, setenta mil o noventa mil socios y socias que en cada ciudad tengan equipos como el Manchester City, el PSG, el Bayern München o, ¿por qué no?, el Real Madrid o el Barcelona, verían los partidos por televisión porque, para el negocio, significan muy poco en comparación de los millones procedentes de ese nuevo torneo de franquicias del espectáculo.

¿Y los futbolistas? ¿Qué más le dará a un brasileño formado en Brasil jugar en Barcelona o en París, a un portugués formado en Portugal hacerlo en Manchester o en Madrid, a un chileno de Chile triunfar en Munich o en Turín, si el futbolista es nada más un profesional a quien en cada lugar le mejoran el contrato y lo reciben y aclaman como si fuera divino? El poder de la fama es el poder del éxito, el de la victoria, sin importar el modo ni el equipo en el que se ha alcanzado el éxito o logrado la victoria.

En ese sentido, el One Club Player Award premia más la gloria que la fama. Aunque sean términos que llaman a confusión, y el mundo del fútbol, en general, los equipara como si fueran sinónimos, históricamente no lo son. Porque la gloria no puede alcanzarse de cualquier manera y bebe más del viaje que del destino. La gloria está ligada a valores intangibles más que a trofeos tangibles, aunque los haya. Puede haber gloria sin títulos ni palmarés, pero no sin un mérito encomiable. El aforismo más célebre en torno al concepto de gloria es el de Cicerón: “Cuanta más dificultad, mayor es la gloria”. El hecho de permanecer siempre en un solo y único club, independientemente del prestigio o categoría del club y pudiendo haber fichado por cualquier otro, ya implica una serie de valores intangibles asociados a una trayectoria gloriosa: el primero de ellos, la lealtad, entendida como una forma de reconocimiento al Club que confió y apostó por la joven promesa y la convirtió en futbolista de élite. Un valor, el de la lealtad, que el Athletic Club estima no solo en propio interés, dada su filosofía, sino en interés del fútbol, en tanto en cuanto la lealtad de los futbolistas a sus equipos incorpora en la toma de decisiones otros factores más allá del económico.

Mathew Le Tissier, el primer distinguido con el premio One Club Man, resumió en una sola frase, y de manera tan precisa como elocuente, el porqué de una decisión profesional tan respetable como la que más. “It’s much more of a challenge for me to beat the top teams than play with them. I dedicated myself to that.” (“Es mucho más que un reto para mí ganar a los equipos top que jugar en ellos. Yo me dedico a eso.”) Los intereses de la industria y el espectáculo, no del fútbol como deporte, parecen defender dos únicos criterios a tener en consideración a la hora de orientar una carrera futbolística profesional: el dinero y los títulos. Una ley no escrita, pero de alguna manera asumida por real, establece que cuanto más dinero gane, y cuantos más títulos logre un futbolista, mejor será su carrera profesional. La frase de Mathew Le Tissier desmonta esa ley por completo porque introduce otros factores clave más allá del dinero y los títulos. En concreto, ese “mucho más que un reto” (much more of a challenge) recuerda a la búsqueda de la gloria que durante tantos siglos inspiró a incontables amantes del arte, la ciencia, la investigación, la Historia o la aventura y los viajes. Porque, como cualquiera puede suponer, entraña mayor dificultad, y por lo tanto mayor mérito, ganar un título con el Southampton que con el Manchester United. Subir al Everest en verano, con oxígeno y por una ruta bien conocida tiene menos mérito que hacerlo en invierno, sin oxígeno y abriendo una nueva ruta. Atender tanto al mérito de una empresa como al éxito de la misma es la propia esencia del deporte, su espíritu.

Para el Athletic Club es de vital importancia que los futbolistas profesionales consideren otros factores además de (no en vez de, que no sería una aspiración realista) los títulos y el dinero. El ejemplo de Matt Le Tissier, su reconocimiento, ayuda a comprender la decisión tanto de nuestros propios One Club Man del pasado, como de los que puedan venir en el futuro.