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Rafa Escudero

Con el paso de los años, la historia de Rafa Escudero cada vez resultará más…

Rafa Escudero
Rafa Escudero
28 de jun. de 201812:31

Con el paso de los años, la historia de Rafa Escudero cada vez resultará más difícil de contar y aun de comprender, y, sin embargo, es de esas historias rojiblancas que en ningún caso deberían caer en el olvido.

Rafael Escudero nació en Bilbao en 1919 y únicamente jugó un año en el Athletic Club, la temporada 1943/44, en la que disputó 13 partidos de Liga y 10 de Copa, marcando 8 y 6 goles respectivamente, una media de 0’61 goles por partido que en aquel entonces resultó decisiva. Pero lo verdaderamente fabuloso de aquel delantero no podría, de ninguna de las maneras, reducirse a porcentajes o números. Rafa Escudero fue el último futbolista amateur del que se tiene constancia en el Athletic. Contribuyó de manera crucial a la salvación de la categoría en uno de los momentos más delicados de la historia del Club. Corría el mes de noviembre de 1943 y, tras siete jornadas ligueras, el Athletic compartía el farolillo rojo de una tabla clasificatoria de 14 equipos con tan solo 4 puntos en su casillero. Pero lo peor era el mal momento que atravesaban sus principales artilleros, Zarra y Gainza, lastrados por las lesiones. En esa tesitura, la directiva del Club se acordó de un joven jugador aficionado, a veces interior, a veces media punta o ariete, que llevaba más de cien partidos con el Indautxu y que destacaba sobremanera por sus dotes goleadoras: Rafa Escudero.

Desde la perspectiva de hoy en día resulta inaudito que el delantero, en primera instancia, declinara el ofrecimiento que el presidente Roberto de Arteche le hizo para unirse a la plantilla del Athletic. A fin de cuentas, Escudero era socio del Club y fiel seguidor de los leones, y también su tío Germán, apodado “Maneras”, había vestido la zamarra rojiblanca. Sin embargo, Rafa Escudero era un convencido futbolista amateur, un defensor a conciencia del espíritu deportivo del juego que recelaba del profesionalismo y desconfiaba del dinero, cuya injerencia consideraba que solo podía enturbiar la nobleza del deporte. Tan convencido se hallaba de sus creencias que él mismo había refundado el Indautxu junto a un grupo de amigos para poder disfrutar del fútbol de la manera que a él más feliz le hacía, junto a su hermano y sus amigos y compitiendo en buena lid. Una felicidad que para él no tenía precio y a la que no quería renunciar ni siquiera para enrolarse en el equipo del que era socio.

Precisamente, solo cuando el presidente Roberto de Arteche se olvidó de los emolumentos de su ficha y apeló al sentimiento rojiblanco del jugador y al de sus propios amigos del Indautxu, incluido el de su presidente Jaime Olaso, Rafa Escudero cambió de parecer y aceptó el reto, pero con una condición innegociable: defendería la camiseta rojiblanca únicamente por su amor al Athletic, sin recibir dinero alguno a cambio, y solo hasta final de temporada, cuando de nuevo regresaría al Indautxu junto a sus amigos.

La aportación de Escudero no pudo ser más oportuna. En su primer partido de rojiblanco, en la jornada 8 y después de 3 derrotas consecutivas, la última frente al Espanyol por 4-0, el Athletic se impuso al Celta por 5-1 y Escudero anotó dos goles. Los leones también ganaron los 6 siguientes encuentros, es decir, 7 de manera consecutiva, incluyendo un triunfo ante el Real Madrid en Chamartín por 1-3 con otro gol de Escudero.

Una vez enderezado el rumbo en Liga, el Athletic se centró en la Copa, donde en ningún caso figuraba entre los favoritos. Tras superar al Barakaldo, al Arenas y al Granada en las rondas previas, en cuartos tocó un hueso: el Atlético de Madrid, a la sazón, Club Atlético de Aviación. Los madrileños vencieron 3-1 en el Metropolitano y perdieron 2-0 en San Mamés, y como en aquel entonces no valían doble los goles a domicilio, hubo de celebrarse un partido de desempate en Barcelona en el que los leones ganaron por 3-2, con un gol anotado en el minuto 90 por Rafa Escudero.

La final contra el Valencia también se disputó en la ciudad condal, en el estadio de Montjuïc, y los leones vencieron por 2-0 con goles de Zarra y, nuevamente, Escudero. Suponía el decimosexto título de campeón de Copa del Athletic Club. El primero y último de Rafa Escudero como jugador del primer equipo porque, tal y como había prometido, al término de la temporada desestimó la renovación en el equipo de sus amores y regresó al club de sus amigos y familiares, el Indautxu de Tercera. En su despedida, el Athletic, en señal de reconocimiento y gratitud, regaló a Escudero un reloj; el único objeto material que el último futbolista amateur habría aceptado.

Escudero regresó al césped de San Mamés en una última ocasión un año después, con el Indautxu y en la final del Campeonato de España de Aficionados contra el Barcelona. Lo que sucedió aquella tarde del 29 de junio de 1945 supuso una de las páginas más borrosas escritas por la afición bilbaína. Según cuentan las crónicas, cuando Escudero recogió el trofeo de campeones recibió los abucheos de una parte considerable de los congregados. ¿Por qué? Al parecer, no aceptaron que cambiara al Athletic por un club de aficionados, aunque se debiera a motivos personales tan legítimos como honrosos.

“En los vestuarios Rafa permanecía sentado tapando su rostro con sus manos, mientras lloraba desconsoladamente”, escribió Jaime Olaso sobre aquel momento.

La historia de Rafa Escudero se cierra de la manera más triste posible, ocho años después, en 1953, al fallecer el delantero en un accidente aéreo ocurrido tras estrellarse un Bristol de Aviaco en Somosierra, a la edad de 34 años.

Cuando murió, Rafa Escudero era directivo del Athletic Club.

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